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lunes, 1 de noviembre de 2010

Capacidad de destrucción

El aire frío que corría a las 21:07 según el reloj de Amelia, le tenía la cara helada, parecía haber estado en el polo norte. Hacia escasos minutos que las clases a las que acudía para reforzar la "Biología" habían acabado y ahora caminaba deprisa hacia su casa. Apenas había gente en la calle, mejor dicho no había más que un hombre durmiendo en el banco de la parada. La vibración de su móvil en el bolsillo de su pantalón la sobresaltó. En los últimos días estaba algo paranoica., solo hacia unos días que había terminado una relación de cuatro años, los cuales solo fue bueno el primero, el segundo, el tercero y el cuarto, un infierno total. Sus amigos habían tardado de que se alejara de él pero ella había parecido adicta, como un drogadicto necesita a la droga ella lo había necesitado a él. Se había descuidado a si misma y a las relaciones con los demás.
Amelia lo conocía y sabía que aquello no había terminado. Él seguiría haciendo de su vida un infierno.
Se colocó los casco para no pensar y solo se concentro en escuchar la música que sonaba en ellos.
No escucho el coche que se acercaba a ella con rapidez, decidido. Una milésima de segundo después Almelia voló  por los aire. SU cuerpo chocó contra el frió asfalto y un charco de color rojo intenso iba creciendo a una velocidad de vértigo. Los folios estaban esparcido por toda la carretera.
El coche se perdió en la oscuridad y en su interior, el conductor sonreía contento de su hazaña. Se lo había advertido, era su manera de ser; tenía la capacidad de acabar con todo a su alrededor, todo lo bueno. Acabo con el amor que ella le tenía, acabo con su futuro y con ello  se llevo por delante con su coche una vida de veinticuatro años que podría haber sido una buena pediatra, una madre, una hermana, una hija,...
Si lo hubiese denunciado y acabado con al relación la primera vez que el la golpeo, la insulto y la dejo de tratar como persona ella estaría ahora en su casa.

Para acompañar el relato os dejo esta canción:
http://www.youtube.com/watch?v=uelHwf8o7_U&ob=av2e

sábado, 23 de octubre de 2010

Lejos de casa

Cuando Silvia salió por la puerta de su casa un veintiuno de febrero, sabía que en cuanto pusiera un pie en aquel avión debería caminar sola. Era su turno de conocer y aprender. Siempre supo que ese día llegaría; ahora, le pareció pronto. 
Cuando lo imaginó, le pareció muy lejano. Cogió sus maletas y se despidió de su hogar hasta entonces.
Todo se convertiría en un recuerdo. Las lágrimas no cesaron, no quería pero debía marcharse.
Su destino la esperaba a kilómetros de allí, muy lejos de casa y de la familia.

jueves, 23 de septiembre de 2010

No!

Si pensó por un instante que le iba temer estaba muy equivocado, ¿yo temarle a él? nunca. Si alguna vez hubo algo.


¿Ahora? Nada, aunque mi amiga se empeñaba en que si, yo insistía en el no rotundo.

El niño de papi, el que siempre lo conseguía todo, si por un instante se lo ocurrió que yo era un objeto como la última vez estaba muy equivocada. Puede ser que una vez fuera débil y dos pero tres no, rotundamente no.

Para mí era otro más de los tíos que solo sirven para pensar en ellos y en como subir su ego más. Muchas veces vi a muchas chicas pelearse por él y yo no iba a ser una de esas.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Nada es perfecto...



Hubo un tiempo en el que Laura pensó que todo era bonito a su alrededor, pero como a caperucita se le cruzo el lobo en el camino. El lobo se la comió y ella no se dio cuenta. Beso sus labios y se enamoro de él mientras el no hacia más que engatusarlas con palabras bonitas. Laura se iba ilusionando, se creo un cuento donde el era el príncipe pero como todo lo bonito tiene un final el suyo tuvo varios.
El primero en Halloween y es que esa fecha fue la mejor para pasar desapercibido, el ultimo beso fue el final. Acabo con Laura derramando mil y una lagrimas y desquebrajando su corazón. en su mundo se empezó a nublar y las nubes hicieron el trabajo de mojar sus mejillas. lo peor aun venía de camino.
Tras unos meses de calma la tormenta se desato, lo malo fue que ella lo sabia y no cogió el paraguas para no mojarse. Cuando la tormenta comenzó, su corazón,los trozos no eran más que polvo y su pecho estaba vació. Sentía rabia,dolor, resentimiento y en su cabeza una voz que decia: "lo sabias, no te equivocaste"
Cuando la tormenta amaino un poco alguien apareció y le ofreció un paraguas para que se refugiara sin temor.
Su corazón se fue reconstruyendo poco a poco y con mucho amor.


Todas alguna vez hemos sido Laura.

sábado, 31 de octubre de 2009

El chico del acantilado...


Yo vivía en una pequeña aldea, tan pequeña que apenas vivían ni cien personas. Se encontraba a veinte metros de un acantilado. Todo alrededor era verde y lleno de flores. Me encantaba salir a ver el amanecer desde el acantilado, sentir la brisa con un intenso olor a mar. Pero un día…algo fue distinto a todos los demás. Yo me dirigí al mismo sitio de siempre pero había un chico. Me acerqué lentamente a él y le hable.
-Perdona, ¿eres de aquí? Me quede callada durante un rato esperando su respuesta, pero no contestó.-¡Hola!, bueno veo que no vas a hablar.-seguí insistiendo, pero no respondió.
Me sentí ignorada hablando sola. Tomé la decisión de darle un pequeño empujoncito para ver si así me decía algo. Pero antes de que pudiera tocarle se giró y me cogió fuertemente por la muñeca haciéndome daño.
-Ni se te ocurra.-dijo distante y tenso. Sus ojos eran grises con un círculo amarillo alrededor del iris.
Me quedé paralizada, mirándole a los ojos.
-Yo siento haberte molestado.
-Está bien.-dijo soltándome.-Siento haberte hecho daño.
-No pasa nada.-murmure prendada de el. Era alto, moreno,el pelo lo llevaba corto y de punta. Llevaba un blusón blanco y unos pantalones ajustados.
De repente comencé a marearme, todo me daba vueltas y perdí el control de mi cuerpo. Me empece a desvanecer pero el estuvo ágil y me cogió antes de que cayera al suelo.
-¿Estás bien?
-Sí, creo que si me besas estaré mejor.-¿como pude decir eso?, esa no era yo. ¿Que estaba diciendo?
El no se negó, se acercó lentamente y con elegancia. Muy despacio comenzó a rozar sus labios con los míos. Perdí el conocimiento pero con el sabor de su boca.
Cuando desperté estaba sobre unas sábanas de seda roja, me intenté incorpora demasiado rápido pero no pude y me volví a marear. Entonces decidí seguir tumbada.Sabía de sobra que no estaba en mi casa.
De repente el entró por la puerta. Entre las manos traía un barreño con agua y gasas.
-¿Qué tal sigues?
-Mareada todavía.-dije con poca energía
-¡Túmbate!-me ordeno dejando la palangana y las gasas sobre una mesita vieja de madera. Se remango la camisa, cogió la gasas y la mojo en la palangana. Me las puso sobre la frente.-Sigues teniendo fiebre, descansa.
Con pocas fuerzas vi como se alejaba.-¡¡no te vayas, no me dejes sola!!
-Vale. Me quedare contigo.-comento mientras me dedico una linda sonrisa.
De vez en cuando sentía como me cambiaba las gasas, tenía ganas de besarlo, abrazarlo,pero…no lo conocía y si era ¿un asesino o un ladrón? o yo me estaba montando una película.El sueño me venció y me quede dormida.
Al despertar lo vi a mi lado.
-¡Hola!-dijo suavemente. Me toco la frente.-estas mucho mejor ya no tienes fiebre-dijo con una agradable sonrisa.
-Gracias, por cuidarme.-dije incorporarme a lo que él me ayudo.
-Voy a por algo para que comas y cojas fuerzas.-se levanto e iba dirección a la puerta cuando sentí que si salía me iba a arrepentí y que si se quedaba la habitación iba a arder.
Me levanté rápidamente y me dirigí hacia el antes de que saliera le puse la mano en el hombro haciéndole girarlo para mí. Rodee su cuello con mis brazos, me puse de puntillas y sin pensármelo lo bese. Al principio le costo aceptar mi beso pero finalmente lo acepto y me rodeo con sus brazos mi cintura, me apretó hacia él. Mi corazón se acelero el pulse se me altero muchísima. Mi cuerpo se iba acalorando por segundos, el se deslizo por mi cuello besándolo lentamente, haciéndome cosquilla siguió bajando y………………
De pronto sentí un pinchazo en el cuello que hizo que todo fuera desapareciendo a mi alrededor hasta no ser más que una oscuridad profunda. Sin luz,sin ruido, sin nada.